Pies encadenados un secuestro

El síndrome de Estocolmo, un amor bastante difícil de recrear. Imagina que entras a un banco para pedir un préstamo; te sientas en la sala de espera y lees un libro mientras tu turno llega.

¡Por fin es tu turno! te levantas con tu carpeta llena de la documentación que exige el banco; justo en ese momento 5 personas entran violentamente al recinto; cargando armas largas y disparando hacia arriba.

Sientes que el miedo te invade de una forma incontrolable: te das cuenta que estas en un secuestro.

Luego de que es disparada la alarma, tus captores organizan a los rehenes con el fin de negociar con la policía. Tú podrías ser una de las víctimas si la negociación no se hace como ellos quieren.

Pasan varias horas y aún existe ese clima de tensión; pero, poco a poco reconoces a un rostro dentro de los 5 captores que te resulta agradable.

Sus facciones fuertes, sus gritos, su odio, y su miedo disfrazado de rencor te flechan el corazón.

Con los días te vas involucrando más y más, te sientes cada vez más interesado en él; inclusive, llegas a identificarte con su causa, sea cual sea.

Empiezas a entablar conversaciones con él y te involucras sentimentalmente con su historia; su voz, su encuentro y con el robo. De alguna forma, sientes las ganas de que este suplicio que estás viviendo nunca llegue a su fin.

Lamentablemente para ti; luego de 7 días de secuestro, la policía se vale de algunas triquiñuelas y logra capturar a los secuestradores; ”después de haber negociado una salida para los secuestradores”, que al final, nunca iba a suceder.

Tu indignación es tal, que luego de que estos son capturados; defiendes al que te ha flechado y no entiendes por qué…

Un hecho parecido al relato anterior ocurrido en Estocolmo-Suecia le da el nombre a este síndrome bastante extraño: El atracador, llamado Olsson, entró en una entidad bancaria de Estocolmo con la intención de robar.

Sus planes no funcionaron como él creía y en poco tiempo se vio inmerso en una encrucijada. La policía había rodeado el edificio, impidiendo que este pudiese huir. En el proceso, toma de rehén a Kistin, una empleada de la oficina, secuestrandola por varios días.

Cuando termina el secuestro, Kristin había establecido lazos afectivos con su secuestrador y terminó enamorándose de él. Luego de esto, Kristin defiende a su secuestrador y posteriormente contrae matrimonio con Olsson.  

A raíz de este suceso, esta enfermedad extraña pasó a ser llamada: Síndrome de Estocolmo. Pero…  ¿Por qué las víctimas se enamoran de sus captores?

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico muy raro, en el que una persona detenida contra su voluntad, agredida o secuestrada, desarrolla cierto vínculo sentimental hacia su captor.

Asimismo, el síndrome de Estocolmo puede ser entendido como un conjunto de mecanismos de origen psicológicos que hacen que la persona secuestrada cree un vínculo afectivo de dependencia con su captor.,

En este proceso, el secuestrado puede elevar, creer e identificarse con los motivos; las ideas o las razones que esgrimen sus secuestradores para llevar a cabo estas acciones (secuestro, rapto, robo); que, de otra forma, serían totalmente inaceptables.

Dada la rareza de este síndrome raro y lo poco peculiar que es, no se han establecido un conjunto de signos o síntomas que puedan llegar a crear una categorización patológica de la enfermedad; y con esto, su posterior diagnóstico. De hecho, las investigaciones sobre este síndrome raro son casi nulas o inexistente, por lo que la comunidad científica no se ha abocado a su estudio sistemático.

Resulta obvio precisar las dificultades que pueden verse para efectuar este tipo de estudio porque su aparición es meramente circunstancial. De hecho, las víctimas que sufren este síndrome extraño, pueden ser diagnosticadas con estrés post-traumático.  

Causas del síndrome de Estocolmo

A pesar del poco estudio al que ha estado sujeto este extraña enfermedad. Se pueden establecer diferentes causas que, a priori, podrían generar su aparición en las personas que sufren de algún secuestro.

  •         Mientras el secuestrado pase más tiempo con su captor, existen más posibilidades de que esta se sienta atraída o cree ese vínculo de dependencia emocional. Cualquier vínculo afectivo lleva tiempo en formarse; no es un caso excepcional. No es lo mismo pasar 2 días con un captor que vivir 2 semanas compartiendo con esa misma persona.
  •         Si el secuestrado se encuentra en un lugar en donde no tiene ningún tipo de relación con otras personas, tenderá a ver al secuestrador como alguien capaz de sacarlo de cualquier tipo de emergencia. Por lo tanto, si tu universo de acción es nulo; y solo existe una persona que puede satisfacer tus necesidades primarias o darte las herramientas para subsanarlas; resulta “normal” que te involucres con esa persona –aunque esta sea la culpable de tu situación–;
  •         Un contacto continuo con el captor hará que el secuestrado se involucre más fácilmente con él. En este proceso, al haber un aumento del contacto del rehén con su secuestrador, habrá más comunicación, se entenderán y la situación se volverá menos caótica y más amigable; propiciando la aparición de este raro síndrome;
  •         Si el secuestrado no busca alternativas para salir de la situación,  ni enfoca sus energías en encontrar los medios para lograr liberarse de su captor, es mucho más probable que se identifique y cree un vínculo afectivo hacia él;
  •         Si el captor muestra bondad o tiene un comportamiento empático con el rehén, este tenderá a involucrarse con su captor. De hecho, está comprobado que un comportamiento violento imposibilita la aparición del síndrome de Estocolmo.

Compresión del Síndrome de Estocolmo

La aparición de este síndrome extraño requiere de circunstancias específicas para que llegue a manifestarse en el secuestrado. Si en tal caso, se dieran las circunstancias específicas, no necesariamente la persona involucrada tendrá el síndrome de Estocolmo. Asimismo, depende de las características individuales de los sujetos y el entorno en el que se encuentre la víctima.

Si la persona tiene unas características psicológicas positivas, probablemente sea mucho menos propensa a sufrir de este síndrome raro. Sin embargo; no es difícil de comprender que una persona con poca estabilidad psicológica o bajo un estado de depresión establezca algún tipo de  «relación afectiva con su perpetrador».

Dada las dificultades para lograr estudiar más a fondo este síndrome, son pocos los estudios que se han realizado. Los pocos casos existentes, dado que es un síndrome muy raro, entorpecen aún más las posibles conclusiones que se pueden sacar de aquellos que han experimentado el síndrome de Estocolmo.

Sin embargo, como toda relación sentimental, la persona que lo sufre tiene que pasar por un proceso muy difícil para lograr desprenderse de este vínculo de dependencia. Necesitando incluso, algún tipo de terapia para subsanar la pérdida de una conexión tan fuerte, tan rara y tan mortal.

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